Eres, ¡ay de mí!,
nostalgia y recuerdo,
promesa de futuro
y arraigo del presente.
Eres,
en todo caso y sobre todo,
patria, bandera y tierra de ultramar,
camino, destino y origen.
En tus brazos, Valeria:
mi naufragio,
mi encuentro
y, en fin, mi sosiego.
Eres causa, mi amor,
y a ti me entrego;
eres consecuencia inexorable
y a ti me atengo.
Te miro, mujer,
y lo sé;
te beso...
Te siento y lo sé.
¡Eres tú, eres tú!
La belleza...
la belleza siempre has sido tú.
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