Continuidad y tradición filosófica nuestroamericana




Ciudad de México, junio de 2015.

Siglo XXI, América Meridional. Para poder hablar de una filosofía indohispanolatinoamericana –en adelante nuestroamericana– debe partirse de una continuidad fácilmente perceptible de la producción de pensamiento propiamente filosófico, es decir, de una tradición filosófica con postulados universales para una realidad cambiante determinada.

En cierta medida, la situación colonial y, posteriormente, neocolonial ha marcado la pauta para el desarrollo de una parte importante de la tradición filosófica nuestroamericana que se ha desenvuelto en aras de constituir nuestra América como una alteridad (entidad ontológica suficiente en sí y para sí) en igualdad de condiciones al proyecto colonizador que sobre ella impone una relación de subyugación –ideológica. Con esto, se vuelve sumamente complejo el ejercicio filosófico encaminado a elucubrar el ser de nuestra América pues para poder afirmar dicho ser es preciso comenzar por la negación de lo que no es y eso por sí solo ya supone dejar un espacio enorme a imprecisiones: en un mundo en el que, poco a poco, se disuelven las barreras de las identidades, se es mucho menos de lo que no se es porque el juego de oposiciones dicotómicas donde lo que no es blanco es, por consecuencia, negro, carece de validez.

Cimentar la entidad ontológica “nuestra América” en una reivindicación de su subalternidad, de ser no-España (Europa) en los albores de la Independencia y no-Gringolandia en los siglos posteriores, sería ocioso: ¿qué diferencia tendría lo nuestroamericano con lo africano y gran parte de lo asiático que también están en una condición de subalternidad con respecto al mundo plenamente moderno? ¿No sería más sencillo librarnos de complicaciones y conformarnos con asumir América Meridional como un conjunto de países del tercer mundo, no subdesarrollados sino en vías de desarrollo y a punto de conquistar la cúspide de la modernidad capitalista?

Sobre ese derrotero el indígena originario de América juega un papel fundamental en dos direcciones: la primera, en un sentido de resistencia a la modernidad y, la segunda, en un sentido barroco en la asimilación de esa modernidad (p.e. la Virgen de Guadalupe). Ambas, convergen en un principio fundamental para toda tradición filosófica: el de originalidad. Tan es así que el factor indígena fue preponderante desde el nacimiento de las ideas independentistas. Francisco de Miranda, Túpac Amaru, Hidalgo y Simón Bolívar se refirieron por igual a criollos, mestizos, mulatos e indios, a la hora de llamar a la población hispanoamericana a la rebelión y a la lucha por sus independencias nacionales. De esta manera fue como “con los pies en el rosario, la cabeza blanca y el cuerpo pinto de indio y criollo, vinimos, denodados, al mundo de las naciones. Con el estandarte de la Virgen salimos a la conquista de la libertad” (Martí, 2005).

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En los párrafos anteriores, hemos descrito someramente un rasgo de la filosofía nuestroamericana (el de anti-colonialismo), pero ¿qué hay de su continuidad y vigencia? ¿En dónde reside la tradición? Desde mi punto de vista, donde se recuperael discurso filosófico anti-colonial es en la oposición de la izquierda política latinoamericana a los efectos negativos de la globalización.

Por supuesto que a la fecha se conserva (en la izquierda) una postura de cautela y oposición al imperialismo yankee, sin embargo, en la actualidad es importante reconocer que el imperialismo y las entidades político-económico-culturales que buscan subordinar nuestra América a su dominación no tienen nacionalidad, a pesar de estar respaldadas por los mismos valores modernos del capitalismo en su etapa neoliberal.

Si hablar acerca de la identidad nuestroamericana resulta engorroso, hablar de que la izquierda es el repositorio de un rasgo de esa identidad debe ser algo así como el colmo de la abstracción conceptual, empezando porque en la discusión teórica no se puede hablar de izquierda sino de las izquierdas. Al respecto, Dussel menciona que:
[…] en México y en el resto de América Latina, en este momento hay muchos tipos de izquierdas. […] Existen izquierdas más democráticas en cuanto a legitimidad popular, a veces llamadas populistas; hay otras más socialdemócratas, que se van tornando liberales y algunas hasta neoliberales; también hay extremas izquierdas, que en ocasiones llegan al punto de unirse con la derecha en cuestiones teóricas y prácticas, como en la idea de la disolución del Estado, […] el anarquismo de izquierda ve en el Estado una institución opresora que se debe disolver.* (CDyDFC, 2013)
Retomando, la izquierda contemporánea recupera la tradición filosófica alrededor del anti-colonialismo nuestroamericano, pero no sólo por su oposición al neoliberalismo, sino por su búsqueda de unidad regional, su lucha por la inclusión y reconocimiento de todas las minorías, así como por su aspiración de consolidar la democracia participativa. Pienso que la referencia que hace Dussel de “la primavera latinoamericana” es muy acertada, justamente es en Chávez, Lula da Silva, Evo Morales, Rafael Correa, el EZLN, López Obrador, Kirchner, etcétera, en quienes pienso a la hora de buscar liderazgos que se opongan a la plena occidentalización de nuestra América.

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No basta con argumentar lo obvio, el hecho de que en el presente se recuperen las ideas del pasado, el hecho de que Chávez se haya parado en Cumbres internacionales para decirle a la población nuestroamericana, sin reparar en razas y condiciones sociales: «en el pasado están los códigos del futuro, busquémoslos allá, no en el Norte ni en Superman ni en Batman y Robin ni quién sabe en cuántos cuentos más. Los códigos nuestros están en esta propia tierra… y los cargamos por dentro, además» (Chávez, 2006); y el hecho mismo de aspirar a la construcción de alternativas para el desarrollo y la prosperidad regional, nos permite ser optimistas respecto al futuro, a diferencia de unos años atrás, en la segunda mitad del siglo XX, donde parecía que nuestra América estaba condenada a ser todo menos nuestra, donde el indio, con su identidad, no sería una pieza fundamental para la riqueza cultural de las naciones sino una manifestación residual del rezago que habría que modernizar, condenada pues a ser testigo y no protagonista del concierto humano.



Notas


A lo que menciona Dussel yo sumaría la multiplicidad de causas que se enarbolan desde las plataformas de la izquierda y sería más riguroso en el sentido de que afirmarse de izquierda no supone ser genuinamente de izquierda. De ninguna manera es factible hablar de una izquierda neoliberal, aunque reconozco que no hay elementos sólidos para refutarlo pues el PRI se afirma como un partido de centro-izquierda y en nuestra América hay partidos demócratas-cristianos tanto de izquierda como de derecha.



Referencias


Martí, José
        (2005) [1891] “Nuestra américa” en Nuestra América. Venezuela, Fundación Biblioteca Ayacucho. Pp. 31-39.
CDyDFCCentro de Documentación y Difusión de Filosofía Crítica
        (2013) “Enrique Dussel” en Izquierdas mexicanas en el siglo XXI: problemas y perspectivas
        (entrevistas). México, UNAM-STUNAM. Pp. 85-96.
Chávez Frías, Hugo Rafael
        (2006) [2005] “El camino alternativo es el ALBA” en La unidad latinoamericana. Varios países,
        Ocean Sur. Pp. 119-158.

...el desaire


Tratándose de ti
sólo tengo clara una cosa:
eres, ¡ay de mí!
como ese juego de labios
que no es beso ni desaire
pero es
¡y vaya que eres!

No me besas ni desairas
pero aquí me tienes,
me seduces a jugarte
y yo,
por más que trato,
no puedo negarme.
¿Cómo resistirme
si estoy frente a tu boca
y a la expectativa de ti?

Terrible ironía:
cuando esperé el desaire...
¡el beso!

Y ahora,
que del beso
ansío tu permanencia...