...el desaire
Tratándose de ti
sólo tengo clara una cosa:
eres, ¡ay de mí!
como ese juego de labios
que no es beso ni desaire
pero es
¡y vaya que eres!
No me besas ni desairas
pero aquí me tienes,
me seduces a jugarte
y yo,
por más que trato,
no puedo negarme.
¿Cómo resistirme
si estoy frente a tu boca
y a la expectativa de ti?
Terrible ironía:
cuando esperé el desaire...
¡el beso!
Y ahora,
que del beso
ansío tu permanencia...
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