Ocaso


De nuestra voz,
el silencio:
fatal anuncio
del futuro estruendo
de un corazón
que, a cuestas,
late.

De nuestra mirada,
el parpadeo:
instantánea ceguera
que omite y oculta
lo que tanto
nos confunde
y aterra.

De nuestro tacto,
la deformidad:
expresión convulsa
de unas manos
que ruegan
poseer, por un instante,
lo que siempre
anhelan.

De nuestra vida,
pues,
el ocaso.
Y del ocaso,
nuestra desdicha...

(la de un devenir
que no deviene;
la de un final
que, interminable,
resulta absurdo)